Breve historia y antología de la estética

By José María Valverde Pacheco

Este libro, nacido de l. a. enseñanza, pero con esperanzas de interesar también a lectores libres de cursos y exámenes, sólo pretende ofrecer una mínima síntesis del desarrollo histórico de los angeles estética, sobre todo en su núcleo conceptual. En lo que se llama "ideas estéticas" se reúnen varias perspectivas, en cada momento: así, lo que dijeron los grandes filósofos sobre los angeles belleza y el arte -cuando no callaron sobre tal tema-, y lo que opinaron los propios hacedores o sus críticos inmediatos sin ambición filosófica; todo ello en el contexto de l. a. mentalidad de cada época y, claro está, teniendo como interés supremo l. a. realidad misma de lo estético, es decir, los hechos de las artes y de las letras. Sabemos que sobre estos hechos singulares se puede hablar interminablemente sin llegar a conclusiones fijas, pero se hacen aún más interesantes cuanto más los vemos sobre el trasfondo de las rules y los angeles sociedad en que se insertaron. Cada capítulo lleva, tras su sucinta exposición, una antología de textos típicos, cuyas traducciones -a veces más adaptadas que literales- son de nuestra propia responsabilidad si no se indica otra cosa. Acaso el designio principalmente informativo que ha movido esta obra no l. a. haya librado de sectarismos de diversa índole: querríamos que el más importante de ellos fuera l. a. oposición a los angeles tendencia contemporánea -ya señalada y fomentada por Hegel- a dar más valor a las rules generales que a los hechos y obras singulares.  

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Historia crítica de los angeles teoría de los angeles plusvalía, en El Capital, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1956, t. IV, pp. 136-137. El único trabajo productivo es el que produce capital. Pero las mercancías (o el dinero) no se convierten en capital más que cambiándose directamente por fuerza de trabajo, para ser sustituidas por una cantidad de trabajo mayor que aquella que encierran... Un actor, incluso un clown, puede ser, por tanto, un obrero productivo si trabaja al servicio de un capitalista, de un patrón, y entrega a éste una cantidad mayor en trabajo de l. a. que recibe de él en forma de salario.

L. a. tercera crítica, además de ocuparse del juicio de gusto, estudia también otro a priori más difícil de delimitar y más paradójico, también por los angeles acostumbrada torpeza kantiana en los angeles terminología: lo llama �juicio teleológico», o sea, de finalidad, cuando de hecho es lo contrario, de �finalidad sin fin». En palabras elementales, cabe decir que es nuestro agrado inmediato ante todo lo que percibimos, no sólo —juicio de gusto— porque encaje bien con nuestra capacidad de percibir, sino también porque todo lo vemos como si estuviera organizado para algo, antes o al margen de que sepamos para qué.

Sartre (1905-1980), cuando, tras su época inicial de puro existencialista en �náusea» ante l. a. realidad sin sentido, se adhiere al marxismo como ideología de lucha por una valoración intrínseca del vivir humano sin trascendencia ultramundana. Literariamente, Sartre propugna el �compromiso» del escritor, que ha de ponerse al servicio del combate de liberación: sin embargo, exime de tal servicio a los angeles �poesía», que no es precisamente lo escrito en verso, sino toda el área del uso del lenguaje que tiene una intención creativa o experimental.

Pero como olvida los intereses terrenales y queda arrebatado en lo divino, el vulgo le considera loco y le rechaza, sin ver que está inspirado. Hablo aquí de los angeles cuarta y última especie de locura, que se atribuye al que, al ver los angeles belleza de l. a. tierra, queda transportado con el recuerdo de l. a. verdadera belleza: le gustaría echar a volar, pero no puede; es como un pájaro que se agita y mira a lo alto, sin cuidado por el mundo de abajo, y por eso le creen loco. He hecho ver que ésta es los angeles más noble y más alta de las inspiraciones, los angeles progenie de lo más alto en quien los angeles tiene o participa de ella; y que quien ama lo bello es llamado amante porque participa de ello.

Y quien no pueda cumplirlo, hay que prohibirle que trabaje entre nosotros. Pues de otro modo nuestros jóvenes gobernantes, nutridos en imágenes de vicio, como en ponzoñosos pastos, mordisqueando hasta hartarse, poco a poco, cada día de tantas fuentes, antes que lo sepan se echarán a perder en sus almas. Más bien debemos buscar otra clase de artistas, que por su naturaleza virtuosa adivinen los angeles verdadera naturaleza de l. a. belleza y los angeles gracia, de modo que nuestros jóvenes, residiendo en una región saludable, puedan aprovechar que les llegue a los ojos y oídos una brisa, por decirlo así, desde las obras de arte, trayéndoles salud de lugares propicios, y llevándoles desde los angeles niñez suavemente a los angeles compañía y armonía con l. a. belleza de lo racional...

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